2020 a la distancia

2020 a la distancia

Le dedico a este año mi mayor alegría, mi oración contestada desde años atrás cuando sólo era un anhelo en mi corazón, y años por adelante se convierte en consolación.

¿Cómo pedir a Dios un sólo deseo? ¿Cómo desperdiciar la inspiración? ¿Cómo vislumbrar Su alegría en la mía cuando todo parece desolación?

Hoy celebró el amor que me acontece, tal vez por merecimiento o por insistencia, no lo sé, pero lo disfruto y no en la tierra sino en los cielos; hay paz y sobriedad; hay ternura y talentos; hay crepúsculos que encienden la noche como en el tiempo de las edades tardías que florecen.

Nubes que se encienden en medio de la tempestad, lluvia que acaricia el rostro de la vida.

No cambió un minuto del pasado cuando se percibe el alivio que se extiende y sana toda sequedad, vejez y pensamientos añejos.

No cambió un segundo de mi juventud cuando a la sazón te advierte el deleite de un corazón.

Cuán buena se vuelve la vida al descubrirse amada por convicción, sabiéndolo sin vanidad, despertando seguridad.

Cuán buena se vuelve la vida al recibirle pasión aún a la distancia, sin verle, sin sentirle, sin saberle.

Cuán buena se vuelve la vida «contigo-conmigo» cuando el amor lo espera todo.

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