Los deportes nacionales, el futbol y la política electoral

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“¿En qué se parece el fútbol a Dios?

devoción que le tienen muchos creyentes y

en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

Eduardo Galeano

 

Por Juan Felipe Cisneros Sánchez.

 

La selección mexicana, ya se prepara para sus tres rivales en el Mundial de Rusia 2018: República de Corea, Alemania y Suecia. Jugará el 17, 23 y 27 de junio de 2018.

Sin embargo, el mejor partido se jugará el 1 de julio, contendrán El descontento contra La impunidad, y los pronósticos no son halagüeños para la selección de La corrupción mexicana.  El presidente de dicho Club, está paralizado y atónito ante el cuadro que le puso el veterano artífice del alarido popular, que incluso cerrará su preparación en el magno Estadio Azteca.

Les anticipo que los boletos se han agotado, y los equipos se han dado con todo en los octavos y cuartos de final, así como en esta semifinal, que está por demás verla, pues ya contemplamos una final, donde la cancha está siendo dominada por improvisados jugadores morenos, que curtidos por este tremendo sol, de este ciclo primavera-verano, gozan del efecto inercial del arrastre y simpatía que los aficionados otorgan a su presidente técnico, el cual tiene una marcada experiencia en el mundo electoral.

Mientras los ángeles azules se encuentran en franco retroceso, por ventilarse supuestos “cachirules”, que los bajaron de la tabla de preferencias. Por cierto, el beneficiario final de esta situación no fue el seleccionado corrupto, el cual metió esta tremebunda zancadilla política, sino el “ganón” fue el “tsunami” López, que se les metió por el centro, haciendo de “ladito” su preferencia por la izquierda y se fue a la cabeza del marcador.

Sin duda al seleccionado de la corrupción, le han salido los tiros por la culata y las preferencias lo colocan más allá del sótano de la liguilla, intentando sostenerse en las canchas llaneras del los Congresos locales, pues ni el arbitraje chapucero de la “asociación mexicana del fraude electoral, ha logrado justificar sus faules y sus jugadas fuera de lugar. Esta desprestigiada asociación, se ha distinguido por colocar al fútbol y a las elecciones como los principales deportes nacionales. Ambas como razones de Estado, y por ello se les imprime un presupuesto enorme para buscar la mediatización de las masas y legitimar el poder anquilosado, que ha sobrevivido y que se conoce como Estado Mexicano, mismo que se recicla cada 6 años.

Vale comentarles a nuestros acérrimos lectores y a la afición, que México participa desde 1930 en la Copa Mundial de la FIFA, ha participado en 14 ediciones, y próximamente en la 15 en Rusia 2018, lleva 7 mundiales consecutivos.

Países como Brasil, en el contexto del mundial de 1970, llegaron al extremo de apapachar a su seleccionado de futbol encerrándolos en su preparación técnica en un campo militar y asegurar que sus jugadores, entre ellos el “rey pele” no se les pelara de fiesta y les fuera a fallar en algún encuentro. La dictadura brasileña, tenía muy claro que su inversión en la selección de futbol, les daría estabilidad política, tiempo para continuar en el poder y seguir imponiendo su modelo de desarrollo que despojaba de dignidad a su pueblo, el cual fanático del futbol, perdonaba todo por un gol de su seleccionado y se conformaba con la copa Jules Rimet, hecha de plata y enchapada en oro, que representaba a la diosa griega de la victoria. La paradoja es que dicho trofeo fue hurtado y los hampones la fundieron y vendieron el metal en el mercado negro, como negro era su destino.

En la política y el fútbol no hay casualidades: Nuestro calendario electoral por la presidencia de la República es para los estimados fanáticos de la política que hace coicidir con la Copa Mundial de Fútbol cada 12 años:

En 1982, cuando ganó Miguel de la Madrid con quien el neoliberalismo inició sus primeros pasos en este país; en 1994, tras el magnicidio de Luis Donaldo Colosio, su coordinador de campaña, Ernesto Zedillo Ponce de León, resultó favorecido con la presidencia por la cúpula del poder; en 2006 cuando Felipe Calderón Hinojosa se impuso; y en este 2018 en el que los aficionados a las elecciones están por jugar la final.

Para el 2030, se espera de nueva cuenta coincidan los calendarios por la copa mundial y la Presidencia de República. Estos ciclos de coincidencia suenan de entrada perversos, pero son reales. Por ejemplo:

Felipe Calderón Hinojosa, llegó a la Presidencia de la República, bajo severas acusaciones de ilegalidad en las elecciones federales de 2006, buscó legitimidad política procurando un acercamiento al fútbol, utilizando la cobertura mediática para procurar su imagen. Se volvió tradición recibir en los Pinos al campeón de la liga, abanderar a la selección en turno o recibir a la sub 17 en 2011, al coronarse campeón mundial. Un patético ejemplo del uso del futbol en el sexenio Calderonista, fue el 10 de octubre de 2009, mientras México jugaba en el Azteca contra El Salvador, Calderón daba el golpe inicial de la reforma energética, al extinguir a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro; anunciando tal acto bajo el cobijo mediático de un partido. El decreto entraría en vigor el 11 y el 12 de octubre, se publicaría en el Diario Oficial de la Federación, aduciendo que la empresa era poco rentable e insostenible… ¡increíble, una de las mejores empresas en pleno corazón de México, liquidada!

Enrique Peña Nieto, desde que era gobernador del Estado de México, uso al futbol como palanca y medio para construir una imagen con apoyo de consorcios como Televisa. Montándose en la afición futbolera local, se proyectó como el futuro candidato a la presidencia de la República. Más tarde Peña Nieto, se impone como Presidente en medio de cuestionamientos de una elección tachada de fraudulenta. Como mandatario se hace presente en los encuentros de la selección mexicana de futbol, siguiendo su vieja y ensayada estrategia de proyectar imagen a través de la cancha, mientras impulsaba las reformas estructurales en materia energética, educativa, laboral, financiera y otras. En el contexto del encuentro de eliminación entre las selecciones de México y Nueva Zelandia, el 12 de noviembre de 2013, para ir al campeonato en Brasil. Las protestas se suscitaban en varias ciudades y el centro no fue la excepción, el movimiento magisterial exigía la derogación de la reforma educativa de 2013 y las protestas cuestionaban la política y el paquete hacendatario, que ferozmente imponía impuestos para el 2014 y además se iniciaba la discusión de la reforma energética.

No sería sorpresa si EPN no intentara nuevamente montarse en los eventos clave del futbol nacional o mundial para distraer a la opinión pública y generar otra fechoría.

Los jugadores de este deporte nacional –llamada elección- en este 2018, se disputan una copa que no está hecha de oro o plata, son los destinos de una nación harta de más de lo mismo y de las precariedades impuestas. El 1 de julio será una final no apta para cardiacos o diabéticos; pues una buena porción del listado nominal de electores que suman 87, 159, 487 personas, (según el santo INE) saldrán a las casillas a elegir un Presidente. También estarán bajo el escrutinio de los aficionados a la política 3,416 cargos de lección popular a niveles locales y federales, así como la jefatura de gobierno de la nueva Ciudad de México y el cargo de gobernador en 8 Estados.

Como todos sabemos, las finales son entre dos y no entre tres, sin embargo la selección de la corrupción mexicana sabe a estas alturas de la competencia, que sus probabilidades son muy bajas, pero siguen la lógica de que probabilidad baja, no es probabilidad nula. Conociendo sus artimañas intentaran todo por modificar los pronósticos y modificar un resultado casi anunciado. Al cabo que son íntimos compadres del arbitro que les ha perdonado todo en otras jugadas y que como “Pilatos”, siempre se lava las manos.

Los ángeles azules, que pintan en segunda preferencia, están en etapa defensiva, con un cuadro de formación en repliegue, pues el portero, los defensas, los medios y los delanteros, están apilados en las redes para evitar más autogoles y goles fuera de marca. Su puntaje no les da más que para una oposición moderada, junto con algunas gubernaturas, que les dan un poco de oxigeno para no quedar fuera de la contienda. Su cabeza técnica, se la esta viendo pelona, pero el se sigue deslindándose y argumentando que no es un canalla, que solo es Riquin.

El “tsunami” López, no se ha confiado y ahora le sobra tiempo para apuntalar a sus pupilos, para intentar cancha completa y ocupar de ser posible hasta las butacas de las gradas de la cámara de “diputables” y senadores, para fijar nuevas reglas del balonpié político.

La afición electoral está volcada a su favor, ni el sondeo de opinión más bajo está desanimando la “cargada”, parecería que, al contrario, la anima. El último debate fue la pirria oportunidad de restarle algo al “tsunami” López, pero la moneda está a punto de tocar piso, seguramente caerá águila y no sol.

Mientras, el veterano sigue eludiendo las laterales y se les cuela en un contra golpe por el centro, en un spring, apoderándose de la iniciativa, engallado por las encuestas sale repartiendo codazos, tanto como recibe, eludiendo zancadillas y juego peligroso de los contrincantes que ya no saben como “faulearlo”, al arbitro se le perdió el silbato y se hace de la vista gorda, los abanderados ya no marcan ni corren, mientras el tiempo extra se les acaba y la afición electoral sufre a morir porque termine esta campaña. Recordando lo que el escritor Eduardo Galeano dijo: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

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