Mi hermosa y triste vida…

gaby

 

Radio Revista Elite

Por Gabriela Moreno Medina

Preparatoria UDEP CAE Cerritos

 

Nací el 3 de septiembre de 1998,  soy de la comunidad de Tanquito de Banda.
Tengo 2 hermanos y 3 hermanas a los cuales amo con toda el alma.

En fin… Siento que cuando era pequeña fui muy feliz; me sentía afortunada de tener una familia tan unida con mi papá Agustín y mi mamá Clarita. Eran los mejores padres que pude haber tenido en ese tiempo; crecí en un lugar lleno de armonía, mi niñez fue hermosa hasta que comencé a crecer.

Mi forma de pensar comenzaba a cambiar, tal vez para mal. Cuando cumplí mis 14 años había un chico que me gustaba y pues yo no le era indiferente, nos hicimos novios, salíamos; él era atento, caballeroso, cariñoso, detallista, lo que terminó “envolviéndome”.

Papá y mamá no estaban de acuerdo con nuestra relación, yo como cualquier adolescente no entendía razones, en ese entonces cursaba tercero de secundaria, tenía metas, sueños, ganas de superarme, pero llegó el día. Aquel día que se terminó todo.

Me di cuenta de que estaba embarazada, sabía que todos mis planes se venían abajo, no por el hecho de tener un hijo sino por la sencilla razón que económicamente no sería posible. Esto pasó el día 06 de enero del 2013.

No quise contárselo a mis papás por miedo, solo se lo conté a mi novio. No sabíamos qué hacer, al final decidimos esperar, pasaron los días hasta que en el mes de Abril me enfermé, tenía una infección muy fuerte en el riñón, fue ahí cuando mis papás se enteraron; no reaccionaron mal, al contrario, me apoyaron y se pusieron felices por el nuevo miembro que venía en camino (su nieto). Me recuperé y seguí con mi embarazo.

¡Llegó el gran día!

Aquel 05 de octubre, como olvidarlo, tuve por primera vez a aquél angelito, aquél pedacito de cielo, mi hijo, mi pequeño Emiliano, la luz de mi vida. Viví ese momento sola, pero igual fue maravilloso.

Cuando cumplí 16 años, decidí hacer mi vida con mi hijo y con su padre, cosa de la que no estaba tan segura, pero lo hice, pensando que sería lo mejor.

El 11 de Marzo del 2015 me casé, fue el peor error que pude haber cometido. Ya todo había cambiado, aquel chico lindo que yo conocía, del que según yo me había enamorado ya no existía,, me maltrataba, me humillaba, fui su tonta por 10 meses, hasta que ya no “aguanté”.

El 15 de Marzo dije ¡ya no más! tomé a mi hijo y me fui de su lado, me separe de él..

Me fui a vivir con mis papás. Pasó el tiempo y todo comenzó a sanar, todo se estaba poniendo en su lugar, cuando creía que todo estaría bien y me sentía bien conmigo misma… ¡¡¡ pummm!!

Aquel 12 de Diciembre de 2016, una horrible noticia rompió mi corazón, no podía sentir más dolor, me preguntaba ¿Por qué la vida es tan injusta?, la vida me había quitado a mi padre, fue devastador escuchar de la boca de mi hermano decir: papá no aguantó más! Su corazón había dejado de latir.

Papá murió y junto con él yo me fui. Mi sonrisa no volvió a ser la misma, ya no era yo, decaí, entré en depresión. No salía de casa, era distraída, todas las noches lloraba, sentía que no podía más, todas las mañanas me levantaba solo por mi hijo, ver su carita y escuchar decir, mamá no llores más, todo estará bien..! Eso me fortalecía. Al pasar esto, la familia estaba aún más unida, hasta que mamá falló, bueno yo lo vi de esa manera.

Al mes de que papá falleció ella se casó con otro, para mí eso fue una falta de respeto tanto a la memoria de mi padre como hacia nosotros sus hijos. ¡Oh! No sabía que pensar, qué sentir o qué decir, en aquel momento solo estaba llena de coraje, de dolor. Haber visto como papá la quería, como convivían, como no podían estar el uno sin el otro, “se adoraban”, y darte cuenta de que tal vez, de parte de ella no era verdad, eso me partía el corazón.

Mamá comenzó a hacerme a un lado, me sentía terrible, no solo había perdido a papá, sino también a mamá, me sentía devastada.

Yo seguía deprimida, sin ganas de nada, caminaba sin rumbo, hasta que apareció un ángel ( Frank) el comenzó a motivarme para que cambiara mi modo de vida, quería que estudiara, que trabajara, que me divorciara para que no tuviera nada que me “frenara”, decía que yo tenía mucho potencial, que él creía en mí, sus palabras me fortalecieron, me hicieron retomar nuevamente las riendas de mi vida. Yo estaba de regreso, claro siempre cargando con ese dolor inmenso de haber perdido a papá, pero aprendiendo a vivir con ello.

Las ganas de conocer, de saber, de crecer académicamente, y sobre todo el deseo de volver a querer habían vuelto… estaba empezando a encariñarme con Frank pero él ya estaba a punto de irse, tarde o temprano eso iba a pasar y para entonces yo tenía que estar preparada para verlo partir.  Y se fue, como todos los que he querido, aunque dejándome una buena enseñanza, me hizo madurar, me hizo crecer, me hizo creer en mí, me hizo saber que yo valía mucho y que no debía dejarme pisotear por nadie.

El día de hoy a mis 20 años aquí estoy siendo independiente, saliendo adelante y feliz con mi hijo…

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