¡Ohhh Dios de los ejércitos acaba Tu obra en mí!

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Por Orquídea Cruz

 

Cuando el día comienza y huye de mis manos, las horas vuelan; pero en ocasiones me es muy grata su rapidez, hasta que puedo sentarme a compartir con la mesura del aliento y mi respirar sin prisa… entonces inhalo a mi Señor quien oxigena todo mi ser para volverme a Él que sin resistencia, me inspira a adorar.

Tan pulcro y tan santo Es, Él es sin dudarlo, quien levanta mi cabeza y endereza mi columna para continuar sembrando, quien me rejuvenece para la ciega porque le daré Sus primicias de lo que he regado, limpiado y acumulado bajo un sol resplandeciente, lleno de luz, de calor que lejos de quemar mi piel, la dora.

Este es mi trabajo que se hace digno al ofrecerlo a tan grande Señorío al cual reconozco Sus verdades, porque se arraigan cada vez más en mis entrañas, en ese ser interior que se transforma a cada instante y en cada situación, a Su imagen y a Su semejanza, con Su vida y Su naturaleza, constriñéndose a mí ser sin cesar.

Cuánto gozo me da este privilegio. ¿Quién soy yo para que de mi te acuerdes?

A veces pareciera que me haz quitado todo: el amor, la seguridad, la esperanza ¿Por qué eres tan celoso mi Señor? ¿Cuánto más debo decirle adiós al yo?

Sin embargo, siendo yo tan imperfecta me has hecho digna de Tí, aún cuando a veces no te entienda, aún cuando a veces no te sienta.

Por ello aquí estoy, vestida de lino fino… creyendo, para que Tu hagas lo Tuyo en mí.

Ya no importa cuánto más me sorprendas, siento que lo he vivido todo; sólo te pido más fe para confiar en Tí, para vivirte a Tí, si éste es mi destino. No claudiques por favor, acaba Tu obra en mí, porque no me puedo quedar a medias, porque no podría vivir sin Tí.

 

 

 

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