En la actualidad, los creyentes en Cristo están divididos porque son alumbrados por muchas clases de luz natural y artificial, las cuales hacen parecer que se tienen diferentes padres, cuando nada más debieran de estar controlados por la luz única, genuina y más elevada. La luz de Dios, la luz divina que nos redime y resplandece, y que debemos encender en nuestro diario vivir.
1 Juan 1:5 Y éste es el mensaje que hemos oído de Él, y os anunciamos: Dios es Luz, y en Él no hay ningunas tinieblas.
Salmos 119:130, dice que la abertura o entrada, de la Palabra de Dios alumbra.
Es fácil detectar cuando encendemos la luz natural o la artificial porque automáticamente al ejercer nuestra habilidad natural, vienen a nosotros como acompañamiento, razonamientos y/o murmuraciones. Por lo tanto para experimentar la iluminación genuina de las lámparas en nosotros, se requiere:
_ A Cristo, la corporificación del Dios Triuno, como el candelero.
_ La naturaleza divina como el oro.
_ La humanidad elevada de Cristo como el pábilo.
_ El Espíritu de Cristo como el aceite que incluye todas las etapas del proceso experimentado por Cristo.
_ Que seamos personas santas, los sacerdotes, vestidos con la expresión de Cristo como nuestras vestiduras sacerdotales,
Cuando tenemos una visión clara bajo la luz de las lámparas del santuario, vemos los diferentes aspectos de Cristo y también vemos el camino que nos conduce al lugar Santísimo. Ya tenemos la vista y la esperanza de entrar y tocar las cosas más profundas, pero necesitamos entender el verdadero significado de las reuniones que hacen los creyentes, las cuales deberán estar llenas de la luz divina proveniente de los aspectos anteriores.
La Palabra de Dios es luz, así que cuando vamos a ella, hacemos arder las lámparas y luego quemamos incienso. Esta es la labor sacerdotal en la cual somos alumbrados leyendo, y luego orando apropiadamente. Esta es la práctica del LEER-ORAR, ORAR-LEER. No es un método, sino una práctica para estar en la luz. Por el contrario, si oramos sin ir a la Palabra lo hacemos en la oscuridad de manera insensata, una forma natural de orar, sin la luz de la lámpara no hay iluminación, una ofensa para Dios porque no despide olor grato a Él.
Siempre que un grupo de creyentes se reúne sin sacerdotes santos, lo hace en tinieblas, ya que son predominantes sus conceptos humanos y sus ideas naturales, la reunión es hecha por la luz natural como la del sol, durante el día; y la luna y estrellas, durante la noche; o incluso, por la luz artificial hecha por el hombre y no, bajo la luz divina y santa.
Arder las lámparas y quemar incienso son asuntos muy finos y delicados, que hacen de nuestras reuniones tanto al hablar, cantar, alabar, invocar, clamar, orar-leer que la luz ascienda.
Orar Cristo nos lleva a comenzar desde el altar de bronce, pasar por la cruz de Cristo hasta llegar a la presencia de Dios. Ésta es una oración intercesora que ejerce la administración divina e imparte el suministro de gracia procedente de Dios a nosotros como la Iglesia sin mancha y sin arruga delante de Él. Tal oración es un incienso fragante que lleva a cabo Su propósito, satisface Su deseo y deleita Su corazón. Es un transito en el que la unción trae a Dios -en Cristo y por Cristo- a nosotros, para hacernos partícipes del elemento divino; y el incienso es nuestra ida a Dios en oración -con Cristo y como Cristo- para el disfrute de Dios y un bálsamo para nosotros.
Esta es la verdadera comunicación, la verdadera participación mutua y la verdadera comunión en la que la oración como incienso asciende a Dios, y la gloria, la luz de Dios, resplandece hacia nuestro interior. Biblicamente la palabra sacerdocio denota un Cuerpo sacerdotal, y también el servicio de sacerdotes, por tanto, somos sacerdotes en forma corporativa, quienes emitimos la luz divina en todo lo que hacemos y decimos. ¡Aleluya, apreciemos a nuestro Dios y Padre todos los días de nuestra vida!


















La luz es la naturaleza de la sustancia de Dios, Dios es luz y en Él no hay ningunas tinieblas, la luz aquí se refiere en un sentido atributivo y no en un sentido metafórico. Es decir, la luz es un atributo del Dios Triuno, porque Él mismo es la luz 1 Juan 1:5,6