Dos milagros

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Hubo un gran milagro hace veinticinco años y hace apenas uno, llegó la reproducción del mismo alegrando corazones.

Muchos aseguran que se ama más a los nietos que a los hijos, pero mi experiencia anuncia que el amor se fertiliza con sangre.

Muchos no aceptan su condición de abuelos porque sienten que la edad se les vino encima, pero nada es comparable porque al asimilar que los años pasan, cambia la vida a tu favor rejuveneciéndote, refrescándote, avivándote.

Muchos consienten a sus nietos y afirman que ya no es tiempo de educar, pero yo confirmo que es el mejor momento de dar. Nuestros errores pasados por falta de experiencia los resarcimos siendo abuelos y hacemos niños amados, cuidados, protegidos.

Muchos abuelos se sienten temerosos por su edad, están cansados y algunos hasta amargados. Cuando en realidad, la dulzura y pureza de un niño es la motivación para seguir viviendo.

Ser abuela me ha enamorado, me ha sosegado, me ha cautivado y me ha provocado el transitar kilómetros para conocer, una receta de cocina. Aquella que se elabora con la sustancia principal: El amor verdadero, aquella que se palpa con las yemas de los dedos para mezclar los ingredientes de la más alta calidad, moldeando y modelando con paciencia, aquella que tiene un procedimiento al pie de la letra, considerando los detalles esenciales como el toque, la sazón, el plus; servida en la mejor vajilla.

Y ¿Qué decir del tiempo? Exacto, ordenado, “a tiempo”. A la manera de Dios.

¿Dios? Sí, porque sin Dios es pueblo se desenfrena. Cada niño es una receta de cocina y cada abuelo es un hacedor. Así Dios nos formó, esculpiéndonos para darnos al final, Su soplo, un espíritu humano para contenerlo a Él, para estar en contacto con Él, para vivirlol, expresándole a Su imagen y semejanza.

Hay millones de recetas de cocina, cada una es un niño, pero todas requieren dedicación, cuidado tierno y cumplimiento, que de lo contrario altera el producto resultando irreversible.

¿Dios? Sí, Quien es el ingrediente perfecto, el alimento que nutre, la esencia aromática, Quien se constituye en el niño como vida, con sus atributos divinos en sus virtudes humanas, Quien forma. moldea y cocina para Su propósito.

Así amamos algunos abuelos en Dios. por Dios y para Dios, quienes negamos la vida de nuestra alma para sembrar, cultivar, regar y segar; pastoreando, perfeccionando y edificando la humanidad de “nuestro pequeño” prestado, para que sea un fruto agradable,  primicia para Dios.

Esta vida que experimentamos, cría niños felices, jóvenes con un corazón para Dios, hombres maduros y cabales… Hijos que se vuelven a sus padres y padres que se vuelven a sus hijos, agradecidos por la familia que tienen.

Un niño en casa, que bendición!!!

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