
De: Adelina Vanessa Méndez / revistaelite_slp@hotmail.com / @RevistaEliteMx / tibiamusica@gmail.com
La idea viene desde mucho tiempo atrás, algo que yo no esperaba… Yolanda Velázquez Barrales.
En San Luis Potosí se han venido forjando lugares de libertad, expresión, arte, cultura y responsabilidad social cada vez más evidentes, y gracias a personas como la Maestra Yolanda, cuya labor y esfuerzo se han visto reflejados en los resultados que han marcado sus mejores momentos; ahora se abre ante nosotros con una entrevista, una narración de cómo ha sido su vida, cómo ha sido su trayecto para enmarcar lo que hoy representa en nuestra ciudad la primer Casa Cultural Frida Kahlo, una Asociación Civil que ha visto las necesidades de los potosinos y las potosinas; que ha visto la riqueza de nuestra región y que nunca se cansa de dar lo mejor de sí para todos nosotros.
Les dejo acompañados de la historia, espero la disfruten tanto como yo lo hice al escucharla:
“Yo nací en el D.F. en 1942 pero mi papá era de un pueblo del Estado de México, de la zona de Nicolás Romero, en Cahuacán que quiere decir en Otomí Lugar de montes y ríos. Ahí pasé mis primeros ocho años de vida porque nada más había primaria hasta tercer año. Fue cuando estaba Lázaro Cárdenas en el poder y con su “educación para todos”, entonces en las zonas rurales se abrió La Escuela Rural Mexicana, que era para enseñar a leer y escribir. En ese tiempo para que siguiéramos estudiando, no se podía porque teníamos que tomar camión para el siguiente pueblo. En primera no teníamos dinero, en segunda estábamos muy chiquitos para movernos solo; así que una hermana le insistió a mi mamá que nos fuéramos a vivir a México, mi papá no estaba trabajando cerca de la casa, estaba en un aserradero cerca de Chiapas, no nos mandaba dinero porque no le pagaban y no lo veíamos; por eso la hermana de mi mamá le dijo ¿Qué vas a hacer con esos niños? y la convenció y nos fuimos a vivir a su casa en el D.F.
Estuvimos un año con ella, pero nos trató después muy mal, contrario a lo que nosotros nos imaginábamos y aguantamos un año allí, en la Colonia Guerrero en la época de las vecindades. Después nos fuimos a Tacuba, a través de un tío que nos ofreció una casa, éra la peor vecindad de Tacuba en el año de 1951.
Algo muy importante que se dio en mi infancia es que yo crecí muy libre y muy limpia porque el ambiente allá es frío y había muchos árboles en el trayecto a la escuela, caminábamos de subida dos kilómetros y de bajada había vereditas por donde bajábamos de nalgazo en nalgazo porque estaba húmedo, y luego en sábado, íbamos a comprar la comida al centro. Nuestra casa estaba geográficamente en el centro del pueblo, pero el centro civil estaba en la orilla, así que había que ir allí a comprar el mandado para toda la semana y los domingos ir a misa, eran dos kilómetros de bajada y dos de subida, o sea “me aventaba” cuatro kilómetros diarios de caminata.
Eso me hizo ser ser fuerte en muchos aspectos de mi vida tanto física como moralmente ya que pasamos por momentos muy difíciles, yo estuve en escuelas públicas y en dos institutos en Tacuba que son de unas religiosas que se llaman Católicas humanistas, a ellas lo que les interesa es apoyar a muchachas que tienen cierta capacidad intelectual pero no tienen dinero, entonces les cobraban colegiaturas muy bajas; con esto se crece en otro ambiente, con otra educación, con otros valores, y a mí no me entra mucho la religión.
Por varias cosas me hice una persona muy humana, me he dado cuenta de que soy feminista, descubrí que soy ecologista; me tocó además ser educada con dos Sistemas con los que se educó Frida Kahlo, por ahí va mi identificación con ella.
Después de la Revolución hubo el Sistema del Nacionalismo: Primero das la vida por tu Patria y luego das la vida por tu madre, y es apoyo mutuo; luego se viene la revuelta fuerte en Europa de tipo educativo y cultural, y se viene el humanismo a México: “ya nadie educa a nadie, todos nos educamos en común”.
A raíz del Humanismo se dio mucho el ateísmo, porque es: Cree y confía en quien estás viendo, apóyalo y recibe ese apoyo; es apoyo mutuo de quien ves. No le tiraban a la religión pero no te mencionaban a Dios, sino el creer en el hombre, confía y valora lo que hace. Se daba una integración más que fortalecía el Nacionalismo, y piensas más en dar a los demás que en ti, te das más a la gente.
Muchas personas no lo saben entender porque son primero yo, después yo y luego yo. Por ejemplo hay una anécdota con mis compañeritos que iban descalzos, yo llevaba zapatos pero estaban rotos. A la hora del recreo nos daba hambre entonces tomamos un acuerdo de juntar cada quien los centavos que tuviéramos para comprarnos tortas, y había ocasiones que nos alcanzaba solo para un bolillo y un aguacate, entonces hacíamos nuestra torta de aguacate y la compartíamos a mordidas. Eso es algo que ahorita no creo que se dé.
Sentir la pobreza, sentir el hambre, ver la miseria humana de no tener y de ver quien tiene y no es capaz de dar, te hace que pienses de otra manera.
Mi mamá fue una mujer muy luchista que nunca se quebró, muy aventada para su época; se lanzó con dos hijos a México sin dinero y sin nada. Éramos tan, tan pobres que cerca de la casa había un pedacito de tierra en el que sembrábamos, yo tenía unos dos o tres años, cada quien hacía el sembrar con su proceso y en esa zona se siembra simultáneamente maíz, haba, frijol, chilacayote, y se va dando en diferentes épocas del año, entonces tú vas surtiéndote y el haba si la dejas que se seque después te la comes como si fueran frijoles convirtiéndose en otro guiso.
Ahí aprendí mucho del respeto y cuidado de la naturaleza, lo que en Pedagogía se llama La Educación que se mama, la que nadie te dice cómo debes hacer cosas pero tu lógica te hace hacerlas o no hacerlas.
Cuando yo ya estuve en México y vi cómo vivían mis compañeras, cómo vivía el resto de la familia y vi cómo vivíamos nosotros, yo me hice una promesa:
Me prometí a mí misma que cuando creciera iba a trabajar mucho, mucho, mucho para darle a mi mamá lo que mi papá no le había podido dar. No iba yo en contra de mi papá, yo estaba consciente de que él trabajaba pero no le pagaban, esto siempre ha sido lo mismo. Pasó el tiempo, hice la Secundaria, la Normal. Comencé a trabajar a los 14 años de edad y me di cuenta de que mi inclinación era la docencia y al año siguiente me di cuenta que me interesaba la Pedagogía, porque en la escuela, la maestra me daba sus apuntes a que se los pasara, y ella estaba estudiando pedagogía pero en el Anglo Español, que era la escuela privada que llevaba únicamente pedagogía a nivel superior. Entonces me daba sus apuntes para que yo se los pasara, ahí decidí y sí la estudié, me dieron una beca para estudiar la Escuela Normal del Estado.
Al año de mi estancia en la Normal, llegaron a buscar a una jovencita para darle trabajo y me llamó la Directora de la escuela y me dijo: mira, Yolanda, la señora es Directora de una Escuela y quiere a una persona cuyas características reúnes tú; te ofrece trabajo por las mañanas. Y mi Directora me dijo: -Si tú te decides, te paso a la Normal por la tarde, para que no dejes de estudiar…
¡Imagínate! Cómo iba a desaprovechar esa oportunidad. Así que dije que sí, pero nosotros estábamos en Tacuba y la escuela estaba en la Colonia Viaducto Piedad, rumbo a Tlalpan. Entonces era de pararme a las cuatro de la mañana para salir, había el camión Sonora que me llevaba a Tlalpan y ahí había un tren que era muy rápido e iba a Xochimilco y me bajaba en el Viaducto.
Empecé a amueblar la casa de mi mamá. En ese periodo se vino una etapa muy dura de trabajo porque era por la mañana en la particular y luego me dieron las materias de orientación, pedagogía y psicología; yo sentí que me hacía falta información y fue cuando estudié Pedagogía y Psicología. No es soberbia pero algo que todavía no alcanzo a creer, lo siento como un sueño: Nuestro jefe de grupo de pedagogía un día me llamó y me dijo “Yola, te invito un café porque quiero platicar contigo algo”; le dije que sí, él era muy buena onda y un Genio. Me dijo: “¿sabes cuántos alumnos solicitaron ingresar a pedagogía este año? Tres mil. Y ¿sabes cuántos se presentaron al examen?” – No. – le dije. -“Se presentaron mil, y ¿cuántos se quedaron en el grupo?”. Le dije- Somos 33. Me dijo “No, Yola, son 3 porque los otros 30 ni siquiera se presentaron al examen, somos puros recomendados de Educación, de diferentes puestos. Te voy a decir, tú fuiste una de las 3 que sí aprobaron el examen, las otras dos no te voy a decir quiénes fueron, pero era importante que tú supieras esto”.
Yo me pasé un año estudiando en los ratos que podía, más las noches la guía para el examen que tenía 200 hojas, a parte el examen médico, psicológico, físico, de conocimientos generales de pedagogía porque se supone que ya habías llevado la Normal y toda esa información pedagógica; entonces a mí me dejó tan asombrada que no manifesté nada. Y me preguntó ¿no sientes nada? Y le dije: Es que no lo creo. Y dijo: -“sí y te lo digo para que te vayas conociendo”.
Ya después me di cuenta claramente cómo los jóvenes no valoran el hecho de estar en una Institución y que están ocupando un lugar que le puede corresponder a otra gente que no tiene dinero, que no tiene posibilidades; y me dije: Yolanda, ¡pues a estudiar!
En mí se dio algo muy importante en Cahuacán, y cuando estudié Pedagogía descubrí algo muy especial que me dejó con la boca abierta; entre todas las Teorías Pedagógicas de los grandes de la época, había una de Juan Jacobo Rousseau, en la que sostenía que el niño debía de vivir sus primeros ochos años de vida en contacto directo con la naturaleza, porque absorbía el aprendizaje de la naturaleza directamente, no de los libros ni de mamá y papá solamente, sino que era a través de todo su cuerpo que se daba una personalidad más completa porque todo se le desarrollaba al natural. Se aprendía no a ver, sino a observar, no a oír sino a escuchar por tantos ruidos, animalitos y yo más con las caminadas que me echaba, yo lo sentí como una especie de bendición que a mí me tocara eso que me iba a ayudar tanto y no soy una santa pero me duele mucho el dolor de los demás, entonces apoyo en la medida de mis posibilidades a mis semejantes y eso lo aprendí también de mamá, que aunque estuvimos mal económicamente, siempre ayudó a quienes tenían menos que ella. Es el reconocerse como iguales, y darse un trato digno todos entre todos, que no me digan que son del rancho, no. En el rancho hay valores también.
Después de ahí me hice a la idea de ganar más dinero, de trabajar más para salirnos de la vecindad y me engatusé a mi papá, nos fuimos a un departamento. El hambre y la miseria física, en mi opinión, hacen que el ser humano crezca de otra manera, pensando un poco más en los demás que en uno, y es la verdad porque cuando he estado en periodos difíciles, he encontrado apoyo en quien menos lo imagino.
Cuando terminé Pedagogía ya tenía plaza en secundarias y en primarias; dejé la particular de la mañana porque ya no me daba tiempo, tenía qué preparar muchas clases , tenía mucho que estudiar porque además, seguí estudiando en la noche. Estaba con la secundaria en las mañanas, en las tardes la primaria y en la noche en Psicología. Me gustaba mucho porque nunca me sentí cansada, nunca me quejé, nunca lloré hasta el día en que encontré a mi papá muy mal y le dije: ¿Qué tienes? Y me dijo, “No vamos a poder pagar el departamento, nena…” Y le dije: Sí papá, sí lo vamos a poder pagar. Fue ahí cuando saqué lo que me dije a mí misma cuando era chiquita, de trabajar mucho para darle a mi mamá lo que mi papá no había podido darle. Así me surgió la idea de comprarles su casa.
Mi papá se jubiló y le dieron 50 mil pesos, yo fui por un préstamo de 100 mil pesos, a pagar en 10 años y yo dije, no es lo mismo buscar una casa de 50 mil pesos que una de 150 mil. Y le comenté: Mira papá, cálmate no te pongas así, vas a ver que nos va a ir bien. Le expliqué de ese préstamo y que eso necesitaría mucho de su apoyo porque los trámites, las firmas y todo tengo que ir yo, pero después hay que ir cada semana a ver cómo va el trámite para cansarlos porque el trámite tardaba un año y hasta entonces te decían si te lo daban o no te lo daban. Y yo no puedo estar faltando a la Escuela ni a los dos trabajos. Así comenzamos a buscar casas de 150 mil, máximo en la Avenida Azcapotzalco que era la más importante porque se comunica con Tacuba, eran casas bien hechas de la época del revolución y había la posibilidad de que encontráramos algo por ese precio y que ¡la vamos encontrando!
Cuando llega a este mundo mi segundo hijo, Rabindranath, me ofrecen tiempo completo en el Politécnico, ya había renunciado a primarias y a secundarias porque no me alcanzaba el tiempo. Para Ciencias Sociales había tres Escuelas y estaban por formar la cuarta para echar a andar nuevos proyectos, hacer cambios de estudio a nivel vocacional, luego hacerlo a nivel profesional, y por eso me llamaron porque siempre he sido muy exigente conmigo misma y yo les planifiqué la vocacional, di lo mejor de mí, me entregaron mi trofeo por ser la mejor Maestra del Sector. Cuando me titulé hice el juramento “De educar mientras tuviera vida y devolver dentro mis posibilidades, un poco de lo que mi Patria me había dado”. Desde ahí me entregué a la educación y a los seres humanos. Planeé mi jubilación 10 años antes, hice mi mayor esfuerzo y me lance a disfrutar lo que me queda de vida.
Mis ídolos son: Cuauhtémoc, Zapata y el Sub comandante Marcos. Creo que son los tres hombres que han luchado con ganas por los de abajo. Mis hijos y yo tenemos intereses muy en común de índole artística, y así junto con ello,s hemos ido avanzando en lo que nos gusta.
Nuestra filosofía en casa Frida Kahlo: “Compartir conlleva aprendizaje, es educación”. No te dejes llevar por uno solo de tus órganos de los sentidos, experimenta y aplica todos, razona y aprende a tratar a tus semejantes, para que la convivencia sea pacífica y productiva; no siempre las personas y los momentos son como aparentan, aprende a distinguirlos. En la vida… primero investiga y luego actúa. Cuando pases por la vida, no esperes a que alguien necesitado te pida algo, porque si en esas circunstancias das, entonces darás limosna; mejor observa a tu alrededor, las necesidades y los sufrimientos de tus hermanos y entonces ofrece apoyo, desprendiéndote en la medida de tus posibilidades; en la medida en que das, recibirás más, mucho más de lo que te imaginas y de quien menos esperas”.
Objetivos de Casa Frida Kahlo A.C.:
– Rescatar aspectos de nuestra cultura para difundirlos en el estado, diversos lugares de México, así como en otros países.
– Abrir pequeñas fuentes de trabajo a personas jóvenes de diversas edades que sepan hacer y enseñar actividades ligadas al arte.
– Capacitar multiplicadores para que compartan lo aquí adquirido con su familia y núcleo social.
– Ofrecer herramientas a los participantes para que solos o en familia, estén en la posibilidad de tener otras opciones de trabajo para colaborar en su economía.
– Crear un ambiente de respeto y relajante, incrementando los valores y las relaciones interpersonales.
– Fomentar la integración familiar y social, así como la consciencia cívica y moral.
– Micro museo, con fotos y pinturas (no originales) de la Maestra Frida Kahlo y artesanía de México en muebles y miniaturas.
– Apoyar con hospedaje temporal a pequeñas familias étnicas mexicanas, músicos o artesanos que viajen a San Luis Potosí.
Canalizados a través de:
– Instituto Nacional de Antropología e Historia. S.L.P.
– Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. S.L.P.
– Instituto de Desarrollo Humano y Social de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de San Luis Potosí.


















