El último y nos vamos… a las casillas.

 Con malos antecedentes por parte de la organización del IFE, como de la participación de los candidatos, se llevó a cabo el segundo debate presidencial, ya demasiado cercano al día de votaciones a nivel nacional.

Con reglas y cambios muy notorios en el ambiente de participación, Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Quadri de la Torre y Enrique Peña Nieto, interrumpieron sus últimas actividades de campaña para reunirse frente a frente con el objetivo de repasar y reforzar cada una de sus propuestas que cambien el rumbo de un país tan necesitado de reformas en todos los aspectos.

Las reglas del juego cambiaron. Los tiempos para cada bloque se juntaron y el turno para hablar se sorteó al principio del programa, donde cada debatiente pasó al frente por el papel que definiría su orden de participación. Esta vez, no hubo edecán que causara polémica por su atuendo, ni la risa estática y permanente de la moderadora quedó de testigo para el resto del programa.

Con un poco de confusión por los nuevos cambios en cuanto a los tiempos de participación, arrancó el debate, dividido en cinco bloques, parecidos a los tocados en el anterior: política y gobierno, México en el mundo, desarrollo social y desarrollo sustentable, fueron los temas puestos sobre la mesa y a merced de una esperanza puesta en los participantes para que le dieran un buen uso y explote dentro de sus propuestas.

Sin embargo, antes de comenzar a profundizar en ellos, los candidatos abrieron, para recordar de manera general, porqué desean convertirse en presidente de México, y las razones para tratar de ganar unos cuantos votantes más, así como reafirmar el compromiso con sus simpatizantes.

Y aún así, hubo más de lo mismo. Peña hizo énfasis en los estados en los que estuvo, una clara alusión a los spots que ha venido manejando a lo largo de su campaña política, y recalcando que, ante cualquier agresión por parte de sus adversarios se defendería fundamentando sus razones con datos congruentes. Por otro lado, López Obrador se notó neutro, no atacó a nadie, quizás porque, de acuerdo con las últimas encuestas, ocupa el primer lugar en preferencias electorales, se mostró serio y comprometido con sus propuestas, respondiendo ante las agresiones, dadas principalmente por Josefina Vázquez Mota, candidata de derecha, y cuya participación quedó marcada por las constantes agresiones a López Obrador y Peña Nieto.

Importante es detenerse en las curiosas, y hasta cierto punto, divertidas, maneras de atacar a sus contrincantes por parte de la candidata de derecha. Josefina siempre ha recalcado la importancia de ser mujer dentro de la contienda electoral, y de cuan relevante será mejorar la calidad de vida de las mujeres del país. Como sencilla dinámica alusiva a la imaginación, describió a cada uno de los candidatos si fueran mujeres. A Peña Nieto, la planteó como una mujer muy bien peinada y que ve mucha televisión, A Gabriel Quadri, “preparada, pero que tiene que pedir permiso a su mamá para hacer las cosas”; y la versión femenina de López Obrador, una mujer bipolar que no se sabría de qué humor se levantaría cada día. Y ella, una mujer que ha luchado desde siempre por resolver de manera adecuada y correcta los problemas. La pregunta ¿En manos de quién dejarías el futuro de tus hijos? Quedó en el aire para los televidentes.

El segundo comentario, fue dirigido a Enrique Peña Nieto, recordándole el fracaso en su reciente visita a la Universidad Iberoamericana, donde la actitud de los jóvenes estudiantes lo obligaron a esconderse y salir por la parte trasera del edificio. “No queremos un presidente que se esconde en el baño para resolver los problemas del país”, finalizó Vázquez Mota.

Y por supuesto a Gabriel Quadri tampoco lo podía dejar de lado, prácticamente, lo acusó de ser un títere de Elba Esther Gordillo, enfatizando frente a cámara que “Un voto para Gabriel Quadri, es un voto para una familia, la de Elba Esther Gordillo, quienes sólo buscan una posición en el congreso.”

Y Gabriel Quadri, quién esta vez, además de seguir hablando de “los políticos” trató desesperadamente, la mayor parte del debate, que se le respondiera la pregunta que hizo casi al principio de éste: “¿Estarían sus contrincantes de acuerdo en aprobar los matrimonios entre personas del mismo sexo?”

Así pues, cada vez que se le volvía a ceder la palabra, reiteraba la pregunta, y se quedó esperando la respuesta por parte de los demás, que jamás respondieron el cuestionamiento.

Sus conclusiones rondaron en lo mismo, vueltas a lo mismo, rozando el desprestigio para el resto de los candidatos y reiterando sus compromisos ante el público, compromisos que parecen ser de mera lógica, pero que habrá que esperar a ver el ganador para empezar a exigir resultados.

De esta manera, dio cierre el último debate, que poco habrá cambiado la percepción de los candidatos entre el público. Las reacciones dentro de las redes sociales no pasaron inadvertidas, así como los supuestos rumores basados en zoom a las tomas de Peña, donde se le acusaba de traer apuntador, las fotos en burla a Quadri y a las referencias femeninas de Josefina, respecto a sus contrincantes.

Un debate que rayó en lo cómico, rompiendo las esperanzas de que fuera un asunto serio y donde las propuestas quedaran fundamentadas y sólidas en la mente del mexicano.

En fin, nos vamos…a las casillas.

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