FEMIRAC / SDN / ISSFAM: Testimonio de Armando Cortés Alvarado

Armando

 

Transcripción: Diana López

Comenzaré con el primer testimonio enviado a nuestra editorial en el que El Instituto de Seguridad de las Fuerzas Armadas Mexicanas (ISSFAM), no ha tenido la debida atención en este asunto en el que fueron violados los Derechos Humanos de Armando Cortés Alvarado, Subteniente de Caballería Retirado. y de muchos de los trabajadores del Ejercito Mexicano, Fuerza Aérea y Marina que han sido sujetos de injusticia al valor el grado de inutilidad o dan  la causa de baja que como en este caso, la consideraron fuera de actos del servicio cuando la realidad Armando se estaba trasladandose de su casa a su nueva área de trabajo, en el mismo estado.

Armando

>> Por aplicar durante un asalto carretero, los principios del honor, el valor y la lealtad que me infundieron en el Heroico Colegio Militar, quedé gravemente herido, y posteriormente fui dado de baja del Instituto Armado falsamente, por inutilidad contraída en actos fuera del servicio <<

 

1º De una cantidad de 3000 aspirantes para ingresar al Heroico Colegio Militar, por rigurosa selección, ocupé el lugar No. 40.

2º En el cuarto año de estudios, fui Sargento 2º de cadetes del escuadrón “Ignacio Allende” del Colegio Militar. Así mismo, realicé el curso de paracaidismo militar.

 

3º Mi generación: 1977-1981.

 

4º Recién graduado como subteniente de caballería, fui destinado al 23º Regimiento de Caballería Motorizado, con sede en la Plaza de Esperanza, Sonora.

 

5º En este regimiento fui comisionado temporalmente como instructor de la cuarta compañía del Servicio Militar Nacional, dependiente de la 4/a Zona Militar en la Plaza de Hermosillo, Sonora.

 

6º El domingo 17 de abril de 1983, vistiendo de civil, abordé un autobús Tres Estrellas de Oro, para trasladarme a mi nueva área de trabajo en Hermosillo, Sonora (por la comisión de instructor que me habían ordenado); después de haber estado en mi casa, con mi familia, en Esperanza, Sonora.

 

7º Circulando por la carretera, aproximadamente a la altura de Vicam y Potam, Sonora, los pasajeros fuimos sorprendidos por dos asaltantes armados (uno con cuchillo y otro con un arma de fuego, pistola), que también viajaban con nosotros a bordo del autobús, procediendo despojarnos de nuestras pertenencias, a lo cual me opuse y después de forcejear con uno de ellos, el otro que amagaba al conductor, se acercó a mí y me disparó con el arma de fuego, provocándome dos heridas por impacto de bala, una en el cuello y otra en el tórax.

 

8º Los delincuentes obligaron al chofer a detener el autobús, bajándose de inmediato y procediendo a escapar.

 

9º Un pasajero me proporcionó auxilio, sujetándome del cuello, en tanto que el conductor me trasladó a la Terminal Camionera de Guaymas, Sonora.

 

10º En esa terminal, se aglutinaban los transeúntes ante la noticia del asalto, haciendo comentarios positivos sobre la acción que había hecho un oficial del Ejército Mexicano , para anular la maniobra de los asaltantes; aún exponiendo su vida.

 

11º De la terminal camionera me trasladaron a las instalaciones Sanitarias de la Armada de México, de ese puerto de Guaymas; pero cuando llegó el médico de guardia y le solicité apoyo, diciéndole que éramos de los mismos por ser también militares, él contestó: “Estas heridas son muy peligrosas y aquí no tenemos el equipo médico adecuado, mejor llévenlo al I.M.S.S (Instituto Mexicano del Seguro Social), también de Guaymas, y así lo hicieron.

 

12º Una vez allí, en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), me aplicaron un sello de agua y me instalaron en un rincón para pasar la noche.

 

13º Al otro día, con el fin de auxiliarme en mi problema, llegó procedente de mi Regimiento de Esperanza, Sonora, el capitán 1/º de Caballería Crispín Paredes Espinoza de los Monteros, quien en una ambulancia del (IMSS), me trasladó a las instalaciones militares sanitarias de Hermosillo, Sonora.

 

14º Pero según se dijo, debido a que los médicos del Hospital Militar de Hermosillo se encontraban en “maniobras generales”, de allí optaron por enviarme a la Clínica Regional del IMSS, también de Hermosillo, quedando encamado (sin intervenir quirúrgicamente), a partir del día 18 de abril y hasta el 1º de mayo, en que me trasladan, vía aérea (Mexicana de Aviación), hacia el Hospital Central Militar de la Plaza de México, D.F.

 

15º Recuerdo que en esa citada clínica del (IMSS) donde quedé encamado, estaba en una habitación donde había siete camas, y observé como unos enfermos iban muriendo y eran reemplazados por otros en las mismas condiciones. Ante esta situación, un doctor de allí paisano mío de La Piedad, Michoacán, me comentó que solicitara mi salida de esa Clínica, porque me esperaba lo mismo que a los demás, y así lo hice, solicitándole al General de Hermosillo, Comandante de la 4ta zona militar, mi traslado al Hospital Central Militar, de la Plaza de México D.F.

 

16º Recién llegado al Hospital Central Militar, me intervinieron de emergencia, ya que aparte de las heridas de bala, ya presentaba una infección llamada “Ceudomona” en el pulmón derecho, donde se había alojado una de las ojivas.

 

17º Después de dos meses de rehabilitación en el  Hospital Central Militar, donde en ningún momento me extrajeron las ojivas del arma de fuego con la que me dispararon, me regresaron a mi lugar de trabajo, el 23º regimiento de Esperanza, Sonora.

 

18º Tres meses después, solicité regresar al Hospital Central Militar, debido a la problemática que presentaba al mover el cuello, además de que se me adormecían los pues y las manos. Los médicos me hicieron una “angiografía” y determinaron operar de emergencia, por presentar “aneurisma” (dilatación anormal vascular) en la carótida derecha, provocada por el otro proyectil que aún tengo incrustado en mi cuello.

 

19º Después de la atención médica recibida, regreso nuevamente a mi lugar de trabajo, el 23º regimiento de caballería. De allí, luego me comisionan a la gerencia de la tienda “SEDENA” de Vicam, Río Yaqui, Sonora, en virtud de que prácticamente me encontraba convaleciente y aún no estaba apto para el servicio de las armas.

 

20º El día 10 de junio de 1987, me hacen entrega de un memorándum en el que me comunican mi baja del 23º regimiento de caballería motorizado; mi baja del servicio activo de las Fuerzas Armadas Mexicanas, y mi alta en situación de retiro por inutilidad contraída en actos fuera del servicio.

 

21º En el mencionado memorándum, arbitrariamente no me notifican el grado de inutilidad contraída: si es 1º, 2º o 3º categoría; en el entendido de que realmente me encuentro en primera categoría (la más delicada). Así mismo, me pusieron en actos “fuera del servicio”, a fin de que yo no pudiera recibir los beneficios económicos respectivos; cuando la Ley del Trabajo establece como “dentro del servicio”, el trayecto recorrido del trabajo a la casa (hogar) y viceversa.

 

22º Ya retirado del ejército, me sentí mal nuevamente de la región del tórax, y en la ciudad de Zamora, Michoacán, los médicos civiles me tomaron una “placa torácica” diagnosticándome una infección en las costillas de nombre “ostiomelitis” (inflamación por infección después de intervención quirúrgica), comentándome una frase que no he podido todavía olvidar: “Al parecer le tocó bailar con la más fea”.

 

23º Me dirijo nuevamente al Hospital Central Militar de México D.F, donde me niegan la atención médica, en virtud de haber causado baja del servicio activo; a menos que cubriera los gastos necesarios y proporcionara un aval, ante lo cual, el mayor médico cirujano Víctor Manuel de Anda Martínez, amigo mío, se ofreció apoyarme como aval y yo pagué lo gastos generados. De esa forma, nuevamente me operaron de emergencia.

 

24º ¡Pero extrañamente, y con tanta intervención quirúrgica, a la fecha todavía cuento con las ojivas de arma de fuego dentro de mi cuerpo!

 

25º Con respecto a mi actuación en el mencionado asalto carretero, me surgen las siguientes interrogantes:

¿Era mi obligación intervenir?

¿A qué criterio tenía que sujetarme en tales circunstancias si pertenecía yo al Ejército Mexicano?.

Y en tal caso ¡Sería de cobardes no intervenir!

 

26º Y en lo que se refiere a la injusticia que me aplicaron en la Secretaría de la Defensa Nacional, al darme oficialmente participando en una operación fuera del Servicio Militar; donde quedaron las opiniones y los comentarios positivos hacia la Institución Militar de las personas que fueron testigos de los hechos,  periódicos, radio y televisión del estado de Sonora; cuando enaltecían al Oficial del Ejército Mexicano que había evitado el asalto carretero.

Hoy en día Armando cuenta con un Corrido que en Sonora le dedicaron.

 

Estamos haciendo la investigación pertinente porque un caso así no puede ser impune, así hayan pasado más de 25 años.

Que el (ISSFAM)  y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) retomen el caso para dar un mejor servicio a aquellos que dan la vida por la Patria y que el afectado demande a quien resulte responsable por actos de negligencia

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