Hojas secas

Por Diana López

 

Hoy, cambié mis sueños por unos que eran tuyos.

Desperté para dejar de soñarte.

Desperté para empezar a pensarte.

Tomé todo lo que tengo de ti.

Y me vestí con ello para empezar el día.

Para continuar una vida que desde hace mucho no vivía.

Una presencia intangible invade mi memoria.

Había una ausencia terrible de ti.

Caminé a lo largo de senderos que estaban llenos de neblina.

Recogí las hojas que caían a mi paso.

Todas estaban escritas, llenas de letras de reproches del pasado.

De quejas vacías.

De odio sin sentido.

Llegué al valle donde te vi por primera vez.

Las hojas secas se rompían en mis manos.

Y se suavizaban.

Y se sanaba el alma.

Observé el atardecer, mientras la brisa se llevaba lo que restaba de las hojas.

No había sol. En su lugar, la luna se asomaba.

Transparente, sobre el cielo azul.

Y entonces, regresé a mi vida.

A la tuya.

Esa que registré con tu nombre.

Clavada en el alma.

Ahora… maldita sea, sólo me voy a dormir después de pensarte.

Para empezar a soñarte.

Ahora…

Regístrate indefinidamente en mi vida… amor.

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