Procesión del Silencio: Cultura, tradición y fe

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De: Diana López / revistaelite_slp@hotmail.com / @RevistaEliteMx / diana_peke20@hotmail.com

México se encuentra lleno de actividades durante las fechas de Semana Santa, que es la conmemoración anual cristiana de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret; es un periodo de intensa actividad, que inicia con el domingo de Ramos y finaliza el domingo de Resurrección.

San Luis Potosí, bello estado mexicano, se caracteriza por sus actividades culturales en muchas épocas del año, y este periodo religioso no puede ser la excepción. Un claro ejemplo es la llamada Procesión del Silencio, que cada año adorna las calles, y se convierte en el mayor ritual religioso de la capital, como símbolo de luto por la muerte de Jesús.

Esta tradición tiene sus orígenes en la España del Siglo XIII, cuando los sacerdotes Franciscanos iniciaban sus procesiones de sangre en las que se infligían castigos físicos y representaban escenas relativas a la Pasión de Cristo.

Este ritual es traído a la Nueva España en el siglo XVI, gracias a la orden de los Carmelitas Descalzos y se lleva a cabo en 1815 por primera ocasión en la ciudad de San Luis Potosí, pero instaurándose con la importancia de hoy en día hasta el año de 1954; desde entonces es la procesión católica más importante de la República Mexicana.

Repasemos un poco el proceso de esta actividad, que cautiva a  los miles de asistentes que año con año se dan cita en la ciudad para presenciarla.

La conmemoración comienza el Viernes Santo, en la explanada de la Plaza del Carmen, cuando la representación de las tropas romanas abre el preámbulo de la noche con el redoble de tambores y las notas de un clarín. Inmediatamente, se toca tres veces la puerta del Templo del Carmen, ordenando al mismo tiempo silencio a los concurrentes. Las puertas del templo se abren y comienzan a salir las primeras cruces y cirios que encabezan la comitiva.

Las calles comienzan a llenarse de faroles y capuchas en forma de cono que avanzan en gesto de duelo, con vestimenta de acuerdo a los colores que corresponden a su compañía. La figura protagonista es la de Nuestra Señora de la Soledad,  transportada en una majestuosa plataforma de más de una tonelada, que descansa sobre los hombros de 40 hombres.

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La procesión se detiene en ciertos puntos, mientras voces de pregones y saetas, que forman parte de la tradición Sevillana ofrecen un homenaje recitado y cantado.

Los pregones son un discurso reflexivo que resalta la esencia de la celebración de la Semana Santa, mientras que las saetas son entonaciones que irrumpen por los callejones, lamentando la crucifixión de Jesucristo.

La comitiva avanza por las calles de Universidad, Galeana, Independencia, Avenida Venustiano Carranza, Aldama, Madero y Manuel José Othón para concluir en el punto de partida: el Templo del Carmen. Es entonces cuando, al filo de la media noche arriba la última cofradía y las puertas del templo son cerradas.

La ciudad duerme para la celebración al día siguiente de la resurrección de Jesucristo (Sábado de Gloria).

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