En la Huasteca huele a gas…

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“El petróleo es la mierda del diablo,

no te fíes de lo que parece una bendición.

Porque es peor que una trampa para monos.

Y lo que para los ricos, es una bendición,

para los pobres, es siempre una desgracia”.

 

Mar de la mañana” (2011),

Margaret Mazzantini

SEDENA, al proporcionar autorización a PEMEX para el uso de explosivos en cuatro municipios de la Huasteca potosina, para preparar la explotación y el desarrollo de la industria del gas y el petróleo; violenta los derechos humanos y los derechos de los pueblos y comunidades indígenas de la región, pues lo hace de mala fe y sin que haya existido una consulta previa, libre e informada y más aún, sin el consentimiento de los sujetos de derecho.

PEMEX, de igual forma, violenta los derechos al realizar acciones prospectivas sin mediar la consulta y sin tener el consentimiento de los pueblos y comunidades indígenas. La obligación de consultar está estipulada no sólo en la Ley de hidrocarburos, sino en la propia Constitución, en convenios internacionales y Declaraciones de derechos indigenas de la ONU y la OEA.

La ley de hidrocarburos, señala que ninguna actividad económica está por encima de la actividad petrolera, pero hay que enfatizar, que los derechos humanos y de los pueblos y comunidades indígenas, SÍ están por encima de la actividad petrolera.

Las manifestaciones de rechazo por parte de pueblos y comunidades indígenas de la Huasteca a estas acciones y omisiones de las instituciones públicas, están fundadas en un legítimo y justo derecho a la libre expresión y manifestación.

La posición de los pueblos y comunidades, de no dar consentimiento a la destrucción que implica el establecimiento de la industria del gas y el petróleo en la Huasteca, es porque esta industria pone en riesgo la sobrevivencia y reproducción biológica y social de estos pueblos y comunidades.

El agua, las tierras y territorios, el medio ambiente y su biodiversidad existente en la Huasteca, dan vida y sustento a indígenas y mestizos que han conservado el hábitat natural como un paraíso donde se desarrollan culturas, economías, relaciones sociales y políticas diversas.

Más de 500 mil habitantes que interactúan en la Huasteca y que viven del paraíso, están siendo condenados sin derecho a la consulta y a la defensa, a ser peones del infierno petrolero y gasero.

Empeñarse a establecer esta industria en esta región es una estupidez, cuando el avance científico y tecnológico tiene en sus manos opciones de energía sustentable, pero que la industria negra y millonaria pretende seguir bloqueando, sin importarle el bien común ni el futuro de las próximas generaciones.

Para esta industria es claro que primero está el mercado, la ganancia y luego los derechos. Es así que atrás del “desarrollo petrolero y gasero”, está un reducido club de demonios millonarios que no les importa el paraíso de la Huasteca, ni los seres que en ella viven. Usando a PEMEX y SEDENA como instrumentos privados, quieren llevarse las ganancias y dejarnos sólo las pérdidas.

Los demonios arguyen que los recursos estratégicos propiedad de la nación, pueden ser pactados en lo oscurito, a través de las instituciones y servidores públicos, como si estos fueran dueños de los recursos nacionales, cuando estos sólo son “administradores”.

Por otra parte, pretender impulsar el desarrollo y la satisfacción de la demanda interna de gasolinas de México, sobre los territorios de los pueblos y comunidades indígenas empobrecidos y avasallados históricamente, es en realidad una decisión inequitativa, racista e injusta. Cuando, si a alguien le debe la nación su existencia, es a ellos.

Se tendría primero que hacer una profunda y cuidadosa evaluación, que permita reducir o reorientar las exportaciones de crudo al vecino del norte, al cual actualmente le regalamos nuestro crudo a 74 dólares el barril. Resulta obvio que se gana más en estos momentos en la transformación del crudo, que en su venta en el mercado exterior. Me pregunto; ¿Convendrá a México seguir extrayendo crudo y gas para satisfacer la demanda externa? ¿Convendrá a México continuar agotando sus reservas?

Irse sobre los recursos no convencionales de petróleo en tierra firme, principalmente en roca de esquisto, y agotar reservas; resulta absurdo y suena a saqueo. Cuando México, tiene capacidad de producción en el Golfo. Sólo que esta última, la han comprometido con el Norte, el cual procesa el producto y nos vende luego los derivados a precio de oro. Así vendemos barato y compramos caro, eternizándose nuestra dependencia tecnológica y económica.

Los demonios y sus socios para poder saquear a diestra y siniestra, intencionalmente omiten la participación y consulta del pueblo, de sus ciudadanos, comunidades y organizaciones; que, por cierto, son los verdaderos dueños de estos recursos, al ser fundamento de la nación.En este caso en la Huasteca, los más pobres, los indigenas, tienen claro que no hay mayor riqueza que conservar el planeta en el que vivimos y lo único que están haciendo es proteger y defender el paraíso.

Los indigenas, sus pueblos y comunidades, de facto se han convertido en guardianes del edén, no creen en el dinero como un fin. Saben que este es un fruto prohibido cuando es mal habido y cuando es  producto viciado por el abuso de poder. Los indigenas ven en el dinero un medio, y a la riqueza se le denomina a todo aquello que sustenta la vida y que no la destruye. Esta cosmovisión originaría apuesta por preservar la creación y se opone al apocalípsis capitalista y a la deshumanización que conlleva.

Los demonios andan sueltos y huele a gas en la Huasteca. Sólo espero que nadie encienda un cerillo y estalle un infierno que nadie podrá parar. El único feliz  será luzbel y sus socios, que al final también serán devorados por sus propias llamas.

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