Mi obra favorita en el Museo Francisco Cossío


Por Marcela Siller
11 junio 2020

“Recuerdo que un día como hoy, jueves de Corpus Christi, obligado era en mi colegio, “El Sagrado Corazón”, ir a la capilla grande a la Consagración de El Santísimo. El Padre Ricardo B. Anaya precedía la ceremonia. El Cuerpo de Cristo quedaba expuesto todo el día.


En mis oídos aún se escuchan los cantos en latín que las madres entonaban; el coro y las niñas seguíamos a como se nos ocurría dicho canto.


Hasta que estuve en secundaria, me llegó a la mano una hoja con la letra de dicha alabanza, la cual debí traducir y aprenderme de memoria; desde luego en el propio idioma latino. Entendí entonces la magnificencia de aquellos días de infancia. Desde entonces Jesús ha estado en mi corazón.


Uniforme de gala blanco, velo también blanco, choclos lustrados, medias de popotillo, peinado con goma, toda yo impecable para contemplar al Corazón de Jesús en un día como hoy. Ahí arrodillada, con la cabeza agachada, el velo rozaba mis cachetes y un alcatraz o rosa blanca en mi mano. En mi interior inocente y debilucho cuerpecillo se iluminó mi cara de fe y amor celestial. Mi pensamiento titubeó: el convento y su solemnidad me atrajeron. Mis ojos voltearon al Altar y ahí el Señor me llamó.


Durante la misa de mi boda, renové mi promesa de nunca apartarme de Él.


Ahora, cuando mis familiares vienen de fuera, como visita obligada vamos al Museo Francisco Cossío, antes Casa de la Cultura. Sorpresa al entrar a “La Capilla”, ahí está el imponente y poético Altar de mi niñez.

En mis tribulaciones sigo repitiendo en mi interior: – “Sagrado Corazón de Jesús”- “En Vos confío”, sí, confío en Él, quien me ha acompañado siempre.


-Señor, ¿cuántas veces he desoído tu voz? Me he hecho tonta al voltear para otro lado, deseo mirarte en todo lugar, pero me distraigo, de pronto, adivino tu rostro escondido en aquel Altar del Colegio, y vuelves a aparecer.


Quiero abrazarte, quiero posar mi cabeza en tu hombro, vestirme de gala, y descubrirte de nuevo en ese maravilloso lugar que me inspiró tranquilidad, paz y amor a ellos, a ellos los más débiles, sí, a los demás. ¡Aquí estoy Señor!”

Altar estilo neogótico Trabajo francés1889 Estructura de madera cubierta de metal sobredorado y ónice.

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