El viaje del amigo “Gaucho”

Narrativas para pensar la intervención profesional,  la salud y la vida


Por Mg. Víctor Hugo MAMANI3


1Ponencia presentada en VI Jornadas de Intercambio de experiencias en Promoción y Educación para la salud. Mesa Panel: Barreras y normas sociales que afectan nuestra salud. 21 de agosto 2019- Auditorium Ministerio de salud. Jujuy-Argentina

2 Fotografías cedida por la Lic. en T.S. Paola Valencia   de su padre Román Valencia, actual emblema de la cultura gaucha en San Antonio. Jujuy- Argentina. El gaucho era un hombre de palabra y respeto, reconocido por su solidaridad y hacer favores (referido hoy en día, a “hacer gauchadas”), y con una increíble habilidad para domar a los caballos y manejarse en campos y montes. Tan fuertes fueron sus rasgos que hoy en día en todo nuestro país se sigue manteniendo las costumbres del gaucho de antes.

3 Licenciado en Trabajo Social (UNSE/Universidad Nacional de Santiago del Estero) -Magister en Trabajo Social (UNER/Universidad Nacional de Entre Ríos) -Doctorando en Ciencias Sociales (UNJU) -Diplomado Universitario en Adm. de Programas Sociales (Universidad de Antofagasta –Chile) -Socioterapeuta en Adicciones (SedronarCentro Italiano de Solidaridad-Roma/Italia y Fondo de Naciones Unidas) -Posgrado en Teoría y Técnicas de Grupo. Universidad Nacional de Tucumán. -Experto Universitario en Educación Sociocomunitaria (Universidad Tecnológica Nacional/ Facultad Regional Buenos Aires) Formación en Terapia Familiar Sistémica (Escuela Sistémica Argentina) Autor de: – La Cárcel. Instrumento de un Sistema Falaz. Editorial Lumen Humanitas – La construcción del Trabajo Social en el ámbito de la Ejecución Penal. Editorial Espacio – En red-ando, Salud y Calidad de Vida. Editorial Lumen Humanitas – Natalio Kisnerman, Maestro y Navegante del Trabajo Social. Ediciones Jakasiña – Trabajo Social Construccionistas e Intercultural. Una propuesta Teórica Metodológica. (En imprenta) Autor de Capítulos de Libros, Prólogos de Libros, Artículos científicos, Conferencias en diferentes Universidades del País (UNJU, UNT, UBA, UNSE, UNam, UNER, UNC, UNLP, UCASAL, UCSE, UNLAM, entre otras) Expositor en Congresos en Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Paraguay, Brasil.


Resúmen


El presente artículo rescata una experiencia “cumbre” del autor donde se permite construir reflexiones personales y profesionales a partir de la cultura gaucha que se pone de manifiesto frente a un acontecimiento que irrumpe en la vida cotidiana. Así mismo rescata aprendizajes sobre las redes socioafectivas en zonas rurales y el potencial sanador que posee atenuar el dolor en comunidad, desde prácticas culturales en relación a la muerte. También repiensa el ritmo acelerado de nuestras vidas y sus efectos sobre la salud y la vida, como así también nuestra escasa reflexión sobre los tiempos profesionales y los tiempos de nuestro pueblo rural.

Palabras Claves: experiencia cumbre – practica cultural y profesional – salud – vida


Abstrac


This article rescues a “summit” experience of the author where it is allowed to build personal and professional reflections from the gaucho culture that is revealed in the face of an event that breaks into daily life. It also rescues learning about socio-affective networks in rural areas and the healing potential of mitigating pain in community, from cultural practices in relation to death. It also rethinks the fast pace of our lives and its effects on health and life, as well as our scant reflection on the professional times and times of our rural people.

Keywords: peak experience – cultural and professional practice – health – life


Introducción.

Hace un año viví en palabras de Maslow, una experiencia “cumbre”4 que me llenó de emociones, reflexiones y aprendizajes, quizás mucho más que mis profesores en las aulas, mucho más que libros, cuyos autores viven una vida distinta del otro lado del océano.

En las experiencias “cumbre” se presenta una disolución de las fronteras del yo, una fusión con todo el universo. Existe por tanto una trascendencia del yo, una difusión de nuestros límites y una comunión con lo que nos rodea. No importa nuestra historia ni nuestros miedos y anhelos futuros, estamos inmersos en el aquí y ahora, más allá de nuestros límites habituales. Desde la ortodoxia psiquiátrica de la época, dichas experiencias se consideraban como indicadores de enfermedad mental, a lo que Maslow se opuso demostrando todo lo contrario, que estas experiencias tienen que ver con la autorrealización.

Las características de las experiencias cumbre que derivo Wlater Pahnke desde el trabajo de Maslow , son las siguientes:

  1. Unidad (interna y externa)

2) Una fuerte emoción positiva

3) La trascendencia a las categorías espacio y tiempo                                                               3

4) Sentido de lo sagrado (numinosidad)

5) Naturaleza paradójica

6) Objetividad y realidad de las percepciones obtenidas

7) Inefabilidad

8) Efectos posteriores positivos



La noticia y el devenir.

Una mañana, los teléfonos de los amigos del equipo de fútbol comenzaron a sonar, difundiendo de la trágica noticia, “se accidentó T y murió”. Nadie lo podía creer. Llamados y mensajes tratando de confirmar lo sucedido. Llamados buscando desmentir el accidente de nuestro amigo, finalmente la realidad se impuso y nos puso en situación.

En medio del dolor desgarrador de su madre y hermanos, de su esposa e hijos, se cumplió con el “tramiterío” necesario. Todos sus amigos, sabíamos que nos íbamos a encontrar de nuevo, era una noche diferente a los sábados de futbol, era el velorio de nuestro amigo gaucho.


4 Religions, Values and Peak Experiencies. Maslow las define “un estado de unidad con características místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer que todas las necesidades se hallan colmadas”.


Desde que falleció mi padre, los velorios -aunque sean de familiares o personas cercanas- me espantan y no asisto a ellos, pero a este velorio, no dude un momento en asistir. No fui amigo de la infancia con “T”, compartimos quizás dos años de amistad, pero fue intensa, profunda, mutuo respeto y un tipo siempre noble y solidario. El fin de semana antes de su accidente, me había enviado una fotografía con un cordero “carneado” colgando de un árbol, de fondo un verde paisaje de los cerros donde había crecido y me invitó a comer a su casa. Vivía con su madre, hermanos, esposa e hijos, (en lo alto de la montaña) diciéndome: “profe, este lugar le va encantar, venga”. No pude ir, y ese asado jamás se concretará.

Cuando acompañé el “rezo de las nueve noches” -como se estila en nuestra región- en casa de su madre, campo adentro entre las localidades de Termas de Reyes y Guerrero, descubrí que “T”, tenía razón, el lugar es mágico   y encantador. Sus amigos de la infancia me contaron que ellos nacieron y se criaron en ese campo, sembrando y criando animales, después fueron emigrando “más para la ciudad”. Fui comprendiendo en profundidad, la nobleza de su amistad.

El velorio se realizó en el pueblo de Guerrero, en el “Rancho Yerbita”, Centro Gaucho de gran convocatoria en la zona  por sus marcadas, pialadas, domas y 4 festivales folklóricos. Vecinos y amigos nos encontramos allí para acompañar y despedir a nuestro amigo. Hacía tiempo que no estaba en un velorio de estas características: velorio de toda la noche, amigos compartiendo, fumando, coqueando, tomando, conversando, “filosofando mundanamente”, “haciendo la pausa” como decimos en el fútbol.

Me di cuenta, que las formas y tiempos del “velorio de antaño”, la tradición cultural cobraban vida, Vecinos y conocidos del difunto y la familia, llenan el lugar con velas y flores. Parientes y amigos/as enredados en conversaciones filosóficas de la vida, u otros/as solícitos/as preparando comidas, café, vino caliente, bebidas, platos con coca y cigarrillos, para compartir en comunidad, para juntos apaciguar el dolor.

La experiencia de rezar las “nueve noches en comunidad”, rodeados del verde de su cerros, sonoras acequias de aguas claras, perros y gallinas correteando, pavas silvestres, cabras y ovejas, me permitió en aquellos atardeceres, comprender el mundo de mi amigo gaucho y sus relaciones con ese paisaje.

La gente iba llegando de a poco, a rezar y acompañar este tiempo de duelo. Lentamente vi subir la empinada loma, a ancianos con bastones, adultos, hombres y mujeres, de manos marcadas por el duro trabajo de campo, niños y niñas moldeados por su paisaje campestre. Todos llegaban con “las manos llenas”; comida, mercadería, ropa, bebidas, velas, cigarrillos y todo aquello que a la familia del difunto podría servirle para continuar la vida. Y cargando sobre sus hombros lo más importante; su presencia.

  • ¿De dónde vienen? Le pregunté a la viuda. Subidos en la loma y mirando alrederedor, parece que no viviera nadie en kilómetros a la redonda. Me mira de reojo y me responde
  • ¡Son vecinos, vienen del frente (señala el río) de la banda, de Termas, de por ahí!, me señala con su dedo índice.


Miré los lugares señalados, yo solo vi el río, el monte, los peñascos, cerros. No solo entendí, sino que comprendí una vez más que habitamos redes de relación con otros, de distintas maneras y en distintos momentos. Comprendí la forma de desplegarse de su red socioafectiva (Mamani, 2009, Bertucelli, 2019) y su poder en la compañía, en el proceso primario de atenuar el dolor, de secar lágrimas y reponerse en comunidad para luego continuar con el yugo cotidiano. Impactante, conmovedor.

Durante la última jornada de rezo y despedida, se enterraron sus pertenencias, se preparó el viaje de nuestro amigo “T”. Un perrito negro sacrificado que haría de caballo, con su montura, su lazo, sus alforjas llenas de alimentos, agua, vino, coca, para cruzar el río, y llegar a otro mundo. Todo diminuto, para ser enterrado junto a sus ropas, en una fosa cavada por los presentes. Un nuevo entierro, el llanto comunitario que emerge como para cerrar heridas y el proceso de la despedida final.

Durante esos días no se recibieron -según la viuda- a nadie del puesto de salud, (Agente Sanitario y/o Trabajador/a Social) ni punteros políticos bonachones y oportunistas. “Que vengan después de las 9 noches, nosotros estamos ocupados en rezar y despedirlo al “T”, tenemos nuestros tiempos” me decía la viuda. Me dejó

pensando en los tiempos de la gente y los tiempos profesionales, en las intervenciones.



A modo de Conclusión

El Dr. Marcelo Ceberio nos habla de la muerte express en la vida citadina ¡cuánta razón tiene! y nos habla de la muerte sin velorio y con crematorio. Pienso en el crematorio y en esos velorios express y en la clausura de uno de los momentos más reflexivos que tenemos los seres humanos, en nuestras vidas: despedir a los nuestros en comunidad, trabajar el duelo en comunidad.   Paradojalmente –dice Ceberio- los momentos donde más hablamos de la vida es en las situaciones de muerte, yo agrego “donde más hablamos de salud es en situaciones de enfermedad”.

En el velorio reflexionamos la vida, nuestras vidas, junto a otros y para nosotros mismos. Hacia adentro y en silencio, mientras observamos sin observar a veces, la dinámica interaccional del velorio.

Tomamos consciencia de la importancia de nuestras vidas, del poco valor que le asignamos. En el velorio hacemos un alto forzado y además hipotetizamos sobre las causas de la muerte o sobre los acontecimientos, compartimos cosas que en lo cotidiano dejamos de lado, por vivir acelerados. “Hablamos de la importancia de los afectos, de la familia, de los amigos, del abrazo cálido, de la gente que nos quiere y que está incondicionalmente al lado nuestro, saber que “siempre están” y no les damos el lugar que se merecen. (Ceberio, 2015)

En el velorio hablamos de “…que nos tenemos que tranquilizar, vivir más calmos “porque a veces nos hacemos problema por cada estupidez” y al lado de la muerte, todas las cosas adquieren el estatus de estupidez. Que debemos tener una vida donde disfrutemos más y trabajemos menos, que podamos reírnos y no impongamos en nuestro rostro un caraculismo estereotipado, (Idem) y otras tantas cosas más.

Filosofía mundana sobre la vida, catapultada por la muerte, surge en un intento desesperado de aferrarse a la vida en medio de la situación de muerte, porque tal situación nos refleja nuestra propia finitud. Entonces reflexionamos agarrando la vida con todo y la valoramos férreamente no vaya a ser que la parca nos asalte por sorpresa. (Idem)

Lamentablemente estos pensamientos duran poco, lo que dura una conferencia en un panel. Cuando termina el ritual y se concreta la despedida del amigo gaucho, que montado su caballo emprende su viaje, , nosotros volvemos a nuestra agitada vida y la auto-exigencia cotidiana, allí donde la vida y la salud, dejan de ser figura y pasan a ser fondo.



Después de haber compartido esta experiencia, espero que no sean necesarios los velorios para que perduren estas reflexiones y fundamentalmente que no es necesaria la muerte de un amigo o un ser querido para cambiar nuestra forma de mirar el mundo y el ritmo de nuestra vida en él. O que en algunas intervenciones profesionales no sepamos leer y respetar los tiempos del pueblo que habita zonas rurales, en sus alegrías y dolores, en su ancestral cultura, de la que tenemos mucho que aprender.


Referencias Bibliográficas:

  • Ceberio, M. (2015) “El estilo terapéutico”, Clase del Diplomado en Terapia familiar sistémica, ESA, Jujuy Argentina.

-Mamaní V.H (2009) “En red-ando salud y calidad de vida”, Lumen-Humanitas

  • Bertucelli, S. (2019) “Redes Comunitarias en Salud y educación”, Curso organizado por el Centro de Estudios Socioculturales y Acción Comunitaria Jakasiña, 9 deMarzo, Jujuy-Argentin

-Gimello,  R.  (2013)  Experiencias Cumbres.                     


Extraído de:

https://idoc.pub/documents/que-son-las-experiencias-cumbres-ylyx0w1pmvnm


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