Fausto, la duda esencial


El dilema acerca de si existe una natural apetencia del hombre –por el gozo, el placer o una sabiduría que le permita ser como los dioses- o si el hombre es capaz de resistir la tentación y aceptar los límites de su existencia es tan antiguo como la humanidad.


El cortometraje Fausto de Carlos Fernando Guerrero Martínez, lo reedita en un cuidado lenguaje cinematográfico donde una sucesión de solos de cool jazz (trompeta, saxo alto, piano) habrán de ser sucedidos por La isla de los muertos y el Preludio en do sostenido menor –destino-, de Rachmaninov. Primero es el clima de la música suave y despojada en las imágenes en blanco y negro y luego la intensidad del descenso a la gran pregunta acerca de la naturaleza humana y la gran cuestión: si el deseo puede más que la pureza de un alma liberada de él.


La leyenda fáustica    


En el cortometraje la leyenda es asociada a la investigación y la sabiduría: un investigador teme estar descendiendo a la locura (un eco sonoro, duro contraste con el cuarteto de jazz inicial) así nos lo indica.


La condición humana parece entrañar la búsqueda del placer: Adán come del árbol prohibido y viola una regla bajo la promesa de ser igual a los dioses. Es una transgresión lo que parece poner al hombre más allá de su condición de tal.


A partir de allí, desde los tiempos más antiguos las versiones de la leyenda ha tenido muchas variantes y fue asociada a nombres de magos famosos que encarnan este poder de formular una promesa a cambio del alma del hombre que desea algo indebido o que no le es accesible en su condición humana.


Así, Apolonio de  Tiana, Jámbico, Proclo en la época Alejandrina originan infinidad de leyendas similares que, con diferentes elementos,  circularon por Oriente y toda Europa.


Ya en la Edad Media una obra de San Cipriano de Antioquía contiene los elementos de la de Göthe.


Ya en el renacimiento y en la Reforma la antigua magia pasa a ser ciencia y el saber prohibido algo esotérico. Es en esta época en la que el personaje central adquiere su nombre, que proviene de un tal doctor Fausto, un conocido astrólogo, echador de horóscopos.


El manuscrito de Göthe tuvo a su vez varias versiones desde que lo concibió por primera vez entre 1773 y 1774, con cambios que tienen que ver con los temas de su lírica más temprana y la más tardía y una compleja trama simbólica, vinculada especialmente al personaje de Margarita.


La transgresión no es gratuita: produce una serie de efectos que no se pueden predecir ni controlar.


Una versión


Que un joven realizador de diecisiete años aborde el tema fáustico ya es inusual. Fausto no es –en su versión- un ser enteramente noble sino una suerte de pistolero que porta un arma, y el personaje de Margarita no aparece. Fausto ha investigado la naturaleza del alma humana y ansía el absoluto: de la sabiduría y de los placeres –lo noble y lo innoble, ya que el deseo es el de experimentar no solo aquellos placeres vedados sino todo los posibles.


Lo expone a la manera de una novela policial negra, con una imagen muy pulcra y cuidada, con sencillez y sin trucos: el diablo es un ser más real que sobrenatural y las notas siniestras se encuentran apenas esbozadas. El problema de su “aparición” aparece zanjado con un recurso muy sencillo.


El final se plantea como duda: no sabemos si, en el último momento, una fuerza que encarne el bien –el arrepentimiento de Fausto o una intervención exterior- frustrarán el pacto demoníaco.


El dilema se plantea además en que aquello que no encarna el mal tiene apetencias propias de Mefistófeles y que todo comportamiento humano parece no poder evitar una dosis de maldad. Todo el mundo, postula este Mefistófeles, desea cosas que él encarna y no le importaría hacer algo indebido para obtenerlas


Probablemente ello sea el sentido a rescatar: la habitualidad del mal, el deseo de valerse de él para alcanzar algo y la duda acerca de si ello pudo ser logrado o no.


Amor tanto a la literatura como al cine, manejo fluido de la forma, han sido los medios para plasmar este mensaje.  


Quizás la aparición del preludio Destino nos plantee que tal destino se encuentra en las propias limitaciones humanas y la necesidad de aceptarlas y permanecer de este lado, sin trasponer el límite –encarnado siempre por el mal o lo malo- de ir más allá de ese destino humano, porque es allí donde surge lo inhumano.


Eduardo Balestena

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