Manos de mamá

Las manos

Reflexiones Valiosas:

“Sana, sana, colita de rana…” ¡El poderoso mantra de mamá! Pero, ¿Dónde está el secreto de esa magia? ¡En las manos!

Las manos son el culmen de la evolución humana. Aun cuando cada órgano de nuestro maravilloso cuerpo es un auténtico dechado de tecnología e inteligencia biológica, las manos son un representativo del potencial mental-corporal del ser humano.


Más allá del simplismo de asir, de agarrar, de mover para construir, así como para destruir, las manos son algo superior a una simple herramienta de hacer y deshacer.


El habla, el poder de expresar nuestro sentir y pensar a través de los códigos de un lenguaje y por medio de la voz y todo su complejo sistema de articulación musculo-fonético; se queda incompleto sin las manos. Sí, además de ser evidente. Estudios científicos exponen la íntima conexión entre el sistema de fonación, el habla, con “el habla” de las manos. Por ello, se comprende que, “las manos hablan”.


El plexo braquial, subsistema nervioso local que controla la ejecución de sensopercepción y movimiento de los brazos hasta la fina ejecución de los delicados movimientos de la mano, está interconectado con el sistema del habla. ¡Hablamos con las manos! -Eso no es novedad. Dirá usted.


Lo hermoso está en ese fenómeno del “habla muda” -cualidad inseparable propia de las mamás- porque basta un toque de la mano de mamá sobre la zona lastimada de su criatura que se ha golpeado, para que él vuelva a sus andanzas. ¡Hay un poder mágico!


Hoy se sabe, más allá de que las zonas del habla y del movimiento de las manos, están juntas en la corteza cerebral; que las manos no sólo se activan al hablar, sino sólo con la intención. Es decir, por ejemplo, cuando está cerca una persona que usted ama… imagine que su pequeño aquel al que le sobó la rodilla con un “Sana, sana, colita de rana…” llega ahora, cuarenta años después, cuando usted yace en cama por alguna dolencia o enfermedad y él se arrodilla frente a usted, inclinando la cabeza entres las manos suyas… seguramente no harán falta palabras sonantes porque las manos se encargarán de transmitir el amoroso mensaje, y quizás de manera más efectiva y comprensible; por cierto, también indescriptible. Y muy posiblemente, ambos sanarán, al menos en un breve lapso o quizás para siempre.


Así fue, mi querido amigo lector, la despedida que tuve con cada uno de mis padres. Ambas, silenciosas. Jamás olvidaré la ternura en dos formas… el suave apretón que mi madre dio a mi mano, una textura y calor indescriptibles en esa mano turgente, de un ser humano que se entregaba suavemente al cielo y que, sin poder mirarme y sin poder hablar, me dijo el más grande mensaje de amor en la síntesis de un débil apretón a mi mano para despedirse. Asimismo, jamás olvidaré toda la ternura silenciosa en una sola mirada, mientras yo tomaba su mano izquierda, con su temblorosa mano derecha y un brazo que ya no le respondía, intentaba dibujar una bendición… Así, de mi padre, esa bendición y su mirada… fue el todo.


Amigo, amiga. No hay mejor fiesta que la de las manos. Vamos a “mani-festar” ¡Hagamos fiesta con las manos! Manifieste sus mejores intenciones con la ternura de sus manos. No sólo para “manotear” mientras habla, lo cual es bueno si es moderado porque se hace elocuente, es decir, expresivo. Usemos las manos para sanar, en silencio, con ternura… Y sin más, con esa ternura, reciba un abrazzo de su amigo Ulises Franco.

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